miércoles, 3 de agosto de 2011

In the Court of the Crimson King, de King Crimson (1969)

Me cuesta asociar este disco a un momento particular de mi vida, porque desde que lo descubrí, siempre ha estado ahí. Por cierto, sólo lo tengo en digital y en un cassette pirateado de la Radio Futuro. No he podido pillarlo para comprármelo. Mi agradecimiento precisamente va para Futuro, pues sólo conocía algunas canciones de Crimson. Por eso, cuando anunciaron este disco para el programa Placa Inmortal, asumí que sería un buen negocio grabarlo… ¡Y me voló la cabeza!

In the Court of the Crimson King, desde su carátula (de Barry Godber) ya es inquietante. Ese grito desgarrador de la portada, recuerda la desesperación del cuadro de Edvard Munch. El arte nos predispone a la melancolía, pero con espacio para la fantasía. Eso está representado por el rostro de ojos somnolientos y gesto apacible que nos muestra la cara interna del arte del disco. Una suerte de sonrisa forzada de alguien sumido en la tristeza, como bajo el efecto de un sedante.

Dicen que este disco inauguró el rock progresivo. Uno experimenta en él una búsqueda sónica, desde la oscuridad, la improvisación y los cambios de ritmo, que lo hacen innovador. Si se mira en perspectiva la discografía de King Crimson, hay un interés constante de Robert Fripp (guitarra, líder y cerebro creativo) por ir reinventando su obra, sin perder un sello.

Además de Fripp, la banda estaba compuesta por:
  • Greg Lake (posteriormente conocido por ser la L de ELP), que interpretó el bajo y aportó uno de los elementos característicos del disco: la voz.
  • Ian McDonald, quien dio parte importante de las texturas y matices del disco interpretando órgano eléctrico, flauta, saxo y melotrón, además de los coros.
  • Michael Giles, que dio el pulso con la batería y los elementos percusión.
  • Peter Sinfield, quien puso toda su poesía para las letras del disco, además de oficiar como iluminador durante las presentaciones en vivo de la banda.
Esta formación de KC ni siquiera alcanzó a completar el disco siguiente, señalando la tónica del grupo: una rotativa de virtuosos en torno al cerebro de Fripp. Ahora, este disco es especial puesto que el mencionado guitarrista no es quien se lleva los principales honores en la creación.

El álbum está compuesto por 5 temas, que incluyen a su vez “secciones”, que marcan los cambios de ritmo y acento, matizando el devenir de las canciones. De ahí viene el concepto progresivo, por la progresión que van desarrollando las piezas. Eso explica la extensión “anti radial” que tienen, que va de los 6:05 minutos, la más corta, a los 12:13 minutos, la más larga.

Sin más preámbulos, pasemos a revisar mis favoritas de este clasicazo:



21st Century Schizoid Man: Difícil de tragar de buenas a primeras. Con un devenir jazzístico y una voz distorsionada (casi no se distingue el timbre de Lake) que va recitando versos aparentemente inconexos, que describen a este hombre esquizoide del siglo XXI. Siendo uno de los temas menos melancólicos del disco, posee una lírica oscura, que nos habla de un “funeral de políticos en una pira” y de “inocentes violados con fuego de napalm”. Da una sensación de cinismo que la hace inquietante. Musicalmente, destaca el saxofón de McDonald y la sección instrumental que aparece en la mitad, llamada Mirrors. Es la única canción del disco que siguió formando parte del repertorio en vivo de la banda.



Epitaph: Se sitúa en un futuro distópico, dominado por una visión pesimista del ser humano. Es el grito desesperado de quien no sabe qué hacer para detener un lamentable, pero inevitable, desenlace (“Confusión, será mi epitafio (…) Si lo logramos, podemos echarnos a reír. Pero temo que mañana estaré llorando”). Musicalmente, presenta una atmósfera fúnebre, marcada por el uso extensivo del melotrón y una batería de pulso dramático. Está compuesto por dos momentos, March For No Reason y Tomorrow and Tomorrow. Es de esas canciones que siempre me logran emocionar. ¡Ya quisiera Thom Yorke de Radiohead componer algo así!



The Court Of The Crimson King: Otra pieza compleja. Fripp no participó en su composición. Es un cierre grandilocuente, para un disco que lo merece. Musicalmente, resume la estética del álbum, con un inicio guiado por la batería y el melotrón, seguido por una sección de acústica, donde se luce la voz de Lake. La sección instrumental The Return of the Fire Witch agiliza el pulso de una canción que parece contenida. Luego, cuando parece que el tema terminó, aparece otra sección (The Dance of the Puppets), que rompe con lo que venía, introduciéndonos en un carrusel, que termina en un crescendo magistral. Líricamente, retrata la corte de un rey en decadencia, que dirige a un pueblo desesperanzado y sustenta su poder en una farsa. Tema actual, pensando en la crisis de representatividad de las democracias modernas.

Eso sería... Disfrútelo, no se deprima tanto por las líricas y déjese llevar por sus atmósferas musicales.

Escrita por Gonzalo Layseca


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